Muchos calificativos se podrían dar a Málaga sin necesidad de recurrir a los que aparecen en su escudo, como son su apertura al mar, su sol tan amable y fiel en todas las estaciones del año, los brazos que se abren desde su bahía llamando y acogiendo a los que sólo la conocían de oídas, y ofreciéndoles casa y residencia.

Para los que saben cómo afectó a Málaga la persecución a la Iglesia que se desató en España durante los años 1931 a 1937, Málaga es tierra de Mártires.

Espigas de trigoEn Málaga sufrieron martirio las cosas de la Iglesia y las personas identificadas con ella, con una saña e intensidad que superó a lo ocurrido en otras Diócesis. De las 328 iglesias, conventos, ermitas y capillas, guardaban un grandísimo patrimonio religioso, artístico y cultural quedaron intactas 43. El resto, 285 fueron totalmente devastadas, saqueadas, profanadas o destinadas a centros políticos, albergues para refugiados, almacenes, y cuadras para animales, sin dejar en ellas ni un altar, ni una imagen, ni un símbolo religioso, ni un objeto de culto, ni archivo. El exterminio de personas por su fe y pertenencia a la Iglesia alcanzó el 67 %., con lo cual la Diócesis de Málaga llegó a ser la segunda relativamente más martirizada de España, después de Barbastro.

Iglesia de SantiagoSin embargo, decir que Málaga es Tierra de mártires no significa una queja indicadora de heridas que todavía duelan y sangren.

El martirio es una gracia de Dios que nos honra a la Iglesia y la fecunda. En aquellos años de persecución se produjo una dolorosa siega de vidas fieles a Jesucristo, pero las raíces de aquella siembra están muy vivas. Por ello, la Iglesia de Málaga tiene que ser reconocida como una tierra fértil. No hay más que esperar a que nuestros mártires levanten la cabeza, para que surjan por todas partes testigos valientes del evangelio y vocaciones que respondan a la llamada del Espíritu.

Esta persecución tal como se llevó a cabo en Málaga puso de manifiesto dos características: la barbarie contra la Iglesia respondió a un plan preconcebido, realizado no por la falta de autoridad gubernamental o de fuerzas, sino con su consentimiento tácito y su impasibilidad ante los desmanes perpetrado en 48 horas de una forma organizada, y tanto ensañamiento en la destrucción de las cosas como en el exterminio de las personas, respondió no solo al odio de la masonería jacobina y de las izquierdas libertarias a Dios y a la Iglesia en general sino muy particularmente a labor evangelizadora del santo Obispo don Manuel González y de su cuadrilla de apóstoles, formados por él en su bendito seminario.