Fue párroco de Serrato, coadjutor de los Santos Mártires y de Santiago de Málaga, capellán del cementerio de San Rafael y del cementerio de San Miguel. Era un hombre sencillo y muy cercano.

Así cuenta el P. García Alonso. S. J., compañero de prisión, su salida cuando en la noche del 30 al 31 sacaron a este sacerdote para la muerte: "También el capellán del cementerio don José Ortega Blanco, que estaba a mis pies, fue señalado para el martirio. Éste con más disimulo me pidió la absolución mientras se calzaba". Asesinado, sólo por ser sacerdote, en aquella noche en las tapias del cementerio de San Rafael.