Nació en Olvera (Cádiz) en 1878. Hijo de José y de Josefa. Fue cura ecónomo de Santa María de Ronda, regente de Casabermeja y párroco de Periana. Era alto, serio, bondadoso, hombre de profunda fe y piedad, carácter enérgico, muy caritativo. Se criticaba que tenía dinero de sus ahorros invertido en una fabrica de aceite, de la que era copropietario, con el fin de fundar unas escuelas parroquiales que no tuvo tiempo de levantar. Cuando tuvo que retirar el Santísimo de la parroquia y llevarlo a casa de un feligrés, este testigo le vio caer de rodillas y con una fuerte congoja llorar como un niño y decir: "Otra vez te echan de tu casa".

Ante la persecución de que era objeto, se refugió en casa del médico Dr. don Antonio Linares Pezzi, que le tuvo escondido, con el consiguiente peligro para su familia, hasta que le dijo: "Aquí yo no hago nada. Pero en la cárcel, entre los que ahora están sufriendo podría hacer mucho bien. Ahora me necesitan". Por esto salió y pronto lo detuvieron. El Dr. Linares pretendió liberarle valiéndose de su ascendiente en el comité de Periana, que, reconociendo su bondad y caridad con los pobres, se justificó diciendo: "Es que don Antonio es cura". Después, cuando lo conducían a la cárcel de Málaga, el jefe de la patrulla, que era concejal socialista, al llegar a la carretera de la costa mandó parar el coche y le dijo: "Don Antonio, de todos los presos que llevo, el que va en más peligro es usted, por ser sacerdote. Yo no quiero llevarlo a que le maten. Bájese usted don Antonio y escóndase donde pueda, y yo diré que usted se escapó". A esto don Antonio, agradecido, contestó: "El pastor debe ir a donde vayan las ovejas". En Málaga, lo llevaron a la zona de Martiricos donde lo fusilaron y antes de expirar le rociaron con gasolina y le prendieron fuego. En su muerte intervino principalmente un vecino de Periana llamado "Manatón".