Nació de Francisco y Ana en Montejaque (Málaga) el 6 de diciembre de 1914. Ingresa en el seminario con la ayuda económica de su abuelo materno, Diego Calle Román. En las vacaciones del verano de 1936 se queda en Málaga para matricularse en la Academia Premilitar. Tras el alzamiento militar del 18 de Julio, se refugia en la casa del Cabo Navarrete y de allí se escapa para volver al Seminario. En la mañana del 22 se une al grupo de sacerdotes que allí hacían Ejercicios Espirituales, y que bajan detenidos. Los acompaña hasta el cuartel de Capuchinos e incluso llega a ingresar en la cárcel con ellos, pero el rector, don Enrique Vidaurreta, dice a otro seminarista, Cristóbal Luque Trujillo, que se lleve con él a Diego a su pueblo, Almogía.

En el trayecto fueron descubiertos, en el Puerto de la Torre, por un cabrero de Almogía, que los delató al Comité de Guerra. Sus dirigentes, acompañados por las turbas, lo llevaron al cañaveral de Santo Domingo, entre los cortijos de Murriaga y Soliva, donde fue asesinado con Cristóbal Luque, después de que éste le dijera: "¡No tengas miedo, nos van a matar. ¡Viva Cristo Rey!" La muerte de ambos se produjo cuando caminaban delante de los asesinos, y al escuchar Diego la exclamación de Cristóbal los dos se abrazaron para decir: "¡Viva Cristo Rey!". Entonces a uno le dieron dos tiros y al otro, tres. De este seminarista tengo una carta, dirigida a un joven de Sedella, que luego fue vocación tardía, que revela bien su buen espíritu y celo apostólico. Su cuerpo está enterrado en el cementerio de Montejaque.