Nació en Alquería de la Condesa (Valencia) el 15 de enero de 1868. En 1884 tomó el hábito en Chipiona, y en 1892 fue ordenado sacerdote. Fue músico, cantor y director de corales en el Convento de Regla. Fue también maestro de novicios en el mismo convento. La mayor parte de su vida la pasó en Fuenteovejuna y en Vélez-Málaga. A raíz de las elecciones de Febrero del 1936, visto el mal rumbo que en Vélez-Málaga tomaban las cosas, el superior vio prudente que este franciscano se trasladara a Málaga y que prosiguiera el viaje a su pueblo natal, en Valencia, a donde llegó el 21 de Febrero. Este pueblo permaneció relativamente tranquilo hasta septiembre, cuando se presentaron algunos forasteros y con gente de allí saquearon la iglesia parroquial, destrozaron altares y quemaron las imágenes. Después la emprendieron también con los 12 sacerdotes y religiosos, asesinando a siete de ellos que no lograron huir. Entre estos uno fue el P. Salvador, a quien llamaron al comité para prestar declaración el día 7 de octubre, donde estuvo detenido dos horas. Su prima Rosa, al ver que no regresaba, fue a buscarle y le llevó un vaso de leche, y mientras lo tomaba, le dijo: "¡Rosa, a la gloria! ¡Vamos a la gloria!". Esa noche se presentaron sus asesinos y atándole las manos, le llevaron en dirección de Gandía hacia Bellreguart, donde les hicieron bajar y les dieron muerte. Parece que el P. Catalá, al ver que lo iban a matar, se puso de rodillas ante los asesinos, que le eran conocidos por ser del mismo pueblo, y les suplicó que no lo mataran siendo paisanos suyos, pero uno de ellos le dio un puntapié tirandole al suelo mientras le decía: "¡Hala y vuélvete de espaldas, paisano!". Al día siguiente pasó por allí un vecino de Alquería de la Condesa, quien vió un charco de sangre y que el P. Salvador Catalá tenía la cabeza destrozada y los sesos por el suelo.