Nació en Álora en 1896. Hijo de Antonio y Victoria. Ordenado sacerdote en 1918. Era coadjutor de Álora. Muy cercano a los pobres.

Cuando escuchó acercarse a su casa los que iban a detenerle, dijo a su hermana Mª Teresa: "No te asomes al balcón para que no sepas los que vienen por mí, y así cuando esto cambie no los puedas denunciar. Ellos salvarán mi alma". Después fue llevado al Cementerio de Cártama con los otros sacerdotes del pueblo, don Francisco Campano y don Miguel Díaz, por unos milicianos a las órdenes de Antonio Serrano Ocaña, y allí pidió a éste que lo matara en el último lugar para poder rezar por sus compañeros. Como el Serrano accedió a su petición se fumó un cigarro con éste, y al terminar le preguntó la hora, a lo que el asesino respondió que eran las seis de la mañana. Tras estas palabras su único comentario fue que no olviadara esa hora. Dato que intrigó mucho al Serrano y que resultó profético, porque al mes y a esa misma hora, el 2 de octubre, este criminal fue ejecutado en Ardales por sus mismos compañeros, como le había anunciado el cura Berlanga antes de ser fusilado.

Su cadáver fue trasladado y sepultado en Álora.